Mi padre contaba con unos 20 años menos, yo era solo un pequeño de 7, y no entendía el por que cada mes salía con una maleta y equipo de carretera. Cuando tenía al rededor de 8 años, fui invitado por él a su salida mensual. Nuestro Destino San Agustín, ¿qué íbamos a hacer allá?, no se, pero yo disfrutaba de la ingenuidad y la tranquilidad de un niño de mi edad, mientras mi papá miraba por horas una piedra gigante, que llamaban el Lava patas la cual residía en uno de los pasajes del Parque Arqueológico de San Agustín.
Fue pasando el tiempo y no siempre lo acompañaba, pero comprendía más afondo que era lo que pasaba, "mi papá viajaba casi mensualmente a San Agustín para mirar una Piedra".
Paso el tiempo y cuando tenía 15 decidí preguntar, luego de una invitación formal de mi padre al lugar, ¿a que vamos a ir allá?, a lo que el contesto: “Vamos a ver el Lava patas”, no lo pensé tanto y accedí. Más tarde estábamos recogiendo al Señor Eduardo Amaya, publicista de la Tadeo quien contaba con una cámara y el firme propósito de pararse al lado de mi papá para filmar y fotografiar la piedra.
Me hice en todos lados y no encontraba el ángulo en que debía mirar la piedra para que me sedujera de la misma forma en que esta lo había hecho con mi papá y ahora con el camarógrafo. Cuando mi papá me vio entendió que lo único que yo no entendía era el por que de todo; el ¿por qué? San Agustín, el ¿por qué? esa Piedra.
Pues bien, mi papá decidió explicarme de una forma clara y levantando su mano derecha señalo el Lava Patas y dijo: “Aquí hay un Mapamundi”. Aunque no era muy diestro en geografía, entendí sus palabras, pero no entendía la MAGNITUD de lo que el intentaba decirme.
Claro olvide mencionar que antes de tenerme a mi y a mis hermanas mi papá había recorrido casi el mundo entero con un mapa a la mano, en donde a diario tenia que revisar un mapa del mundo.
Mi padre comenzó a explicarme lo que veía y desde cierto ángulo de la roca era visible algo en realidad similar a la Bota Itálica; una referencia imprescindible en toda esta empresa, fue ahí cuando dijo que sí allí estaba la vota itálica al sur debía estar cierto continente, al norte tal otro, al occidente otro y otro… y así sucesivamente y aunque era una simple piedra esta mantenía la concordancia entre cada línea tallada y la justificación descrita en las palabras de mi padre.
En ese momento me preguntaba: ¿Cómo se enteraron de la forma del mundo estos indígenas?. Mientras analizaba que los dibujos de Nazca serian pequeños ante la grandeza de aquello que mi papá había descubierto. Los Agustinianos tenían no solo el propósito de entrenarse en el arte de la talla en piedra; sino de comunicar que sabían más, y de entregarnos en piedra un conocimiento único sobre el origen del “todo” del mundo y del ser humano.
Consejo para los que vayan a San Agustín: lleven un mapa del mundo como es ahora y como era hace millones de años (el Pangea) y sabrán que mi papá no estaba diciendo más que lo que un simple observador con paciencia puede ver en la roca.